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Personales Ilustres


 

JOAQUÍN SAMA VINAGRE (1840-1895)

Nació el 17 de julio de 1840 en San Vicente de Alcántara, Badajoz. Ante la dificultad de encontrar noticias relativas a su vida, sólo podemos recorrer ésta, a través de su producción literaria: los escritos filosóficos, ocasionados por el encuentro con el grupo krausista sevillano; los artículos políticos, paralelos a su candidatura como representante del partido liberal por el distrito de Mérida-Alburquerque; los escritos pedagógicos, resultado de su adhesión a las doctrinas de la Institución Libre de Enseñanza y fruto de la experiencia adquirida como profesor de la escuela de párvulos en la Institución misma.

 

Fue alcalde de su localidad natal con gran rectitud; un hombre sensible a los problemas sociales que luchó, desde las páginas de sus escritos, por el mejoramiento de la situación de las clases desheredadas a través de la educación.

 

Fue un escritor fecundo y, aunque no escribió nada particularmente original o nuevo, tuvo el mérito de revalorizar la figura del pedagogo Pablo Montesino, dando a conocer sus doctrinas de relevante importancia. Murió en Madrid en 1895.

 

GODOFREDO ORTEGA MUÑOZ (1899-1982)

Alejo Godofredo Manso Ortega, que con el tiempo habría de adoptar como nombre artístico el de Ortega Muñoz, nació el 17 de febrero de 1899 en San Vicente de Alcántara. Resultaría imposible una biografía de su vida que no fuera unida a su actividad artística. Cada paso responde a un imperativo de carácter artístico, la pintura como motor principal de la existencia del pintor. Hasta tal punto que, a partir de una determinada fecha, los únicos acontecimientos reseñables son aquéllos que tienen que ver con su obra.

 

Inclinado vocacionalmente a la pintura desde muy joven, comenzó su aprendizaje artístico de forma autodidacta y tras recha zar la recomendación paterna de seguir una carrera universitaria, se trasladó a Madrid, en donde practicó durante algún tiempo dibujando en el Museo del Prado. Muy pronto marchó a París con el propósito de mejorar su formación, visitando entre 1925 y 1930, además de Francia, gran parte de Europa y Oriente Medio. En 1935 volvió a España y, con treinta años, celebró una importante exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

 

El gran éxito de su carrera habría de llegar en 1954 en la II Bienal Hispanoamericana de Arte de La Habana y donde Ortega Muñoz obtuvo el Gran Premio de Pintura con la obra ’La Carretera’. Este premio le abriría definitivamente las puertas, permitiéndose ampliar sus circuitos de exposición a Alejandría, Londres, París, Nueva York,...

 

Ortega Muñoz obtuvo en 1970 la Medalla de Oro de la crítica de Barcelona, y en 1978 fue galardonado con la Medalla de Oro de la provincia de Badajoz. Murió en Madrid el 2 de octubre de 1982.

 

Técnicamente, Ortega Muñoz trabaja la superficie del cuadro mediante un procedimiento que sugiere la pintura al temple, hasta dejar sobre el lienzo un efecto mate, de gran austeridad. Un principio de orden arquitectónico establecido a partir de formas elementales, el camino y la cerca, el campo despoblado, los tocones de castaños y alcornoques, rige su pintura, que armoniza descripción naturalista y capacidad de abstracción; la ilusión de profundidad que crean los elementos estructurales del cuadro y el diseño plano de la composición. En la pintura de Ortega Muñoz la interpretación del asunto, cargado de contenido poético, dicta a la mirada un sereno equilibrio entre realidad y sustancia espiritual y toda su producción mantiene una constante unidad de fondo entre naturaleza y ser, de raíz y sentido profundamente religioso.

 

Extremadura fue constante referencia en la pintura de Ortega Muñoz, que alcanzó a dar de su paisaje una visión rudamente ingenua y, al mismo tiempo, severa, de contenido patetismo y extraordinaria veracidad.